Aperitivos con solera en Huertas y Lavapiés

Hacerse el abuelo está de moda. Primero quisiste vestirte como tu abuela en sus tiempos mozos y empezaste a desvalijar su armario en busca de reliquias vintage; después te empeñaste en comer pan de masa madre, como el del pueblo; más tarde empezaste a hablar castizo (que si este potaje está “fetén”, que si “chispum”, que si “chulo que nos vamos de jarana”) y ahora estás decidido a sacrificar la noche del sábado por el aperitivo (con solera) del domingo. Pues bien, vamos a ponértelo fácil: hoy compartimos contigo cuatro locales “de toda la vida”, de esos con un salero de aquí te espero, para que te entregues a una de las costumbres más castizas y abueliles que existen, que vuelve pegando fuerte: el aperitivo. Pide dos cañas, pégales un buen sorbo y prepárate, ¡que nos vamos!

 

 

Café Pavón – El más jaranero

Jaranero y divertido como él solo, este local reabierto en el 2015 tras una reforma que le devolvió todo su esplendor castizo, es una parada obligatoria en nuestra ruta. En la zona alta de Lavapiés el Pavón te va a enamorar por su sabor y encanto: el techo artesonado es del año 1924 y el local, con una barra de esas gloriosas siempre atiborrada de “parroquianos”, es auténtico y genuino a más no poder. ¿Nuestro consejo? Arrima el codo a su barra, pega un grito y pide dos cañas (o las que caigan) e híncale el diente a su tortilla de patata. No tienen mucho más, ni falta que hace. Aquí se viene a lo que se viene: cañita y chispum.

 

 

 

La Dolores – La favorita del barrio de las Letras

Que La Dolores no se anda con chiquitas es algo que puede apreciarse nada más pasar por delante de su engalonada fachada que proclama a quien pase por allí que en este local se reparte salero desde el año 1908. En su interior vas a encontrar una taberna de un castizo fino, con una soberbia barra de madera y mármol de esas que parecen sacadas de una película de época y un suelo de damero muy característico. Aquí tiran unas cañas fetén, que puedes acompañar con unas patatas fritas, como se ha hecho toda la vida de Dios, con unos boquerones en vinagre o con el aperitivo castizo por excelencia, una gilda.

 

 

 

Bodegas Alfaro – La más salerosa de Lavapiés

Muy cerca de la Filmoteca Nacional está esta pequeña taberna de siempre que te enamorará por su encanto humilde y genuino. Una bonita barra de zinc tradicional y un puñado de sillas y mesas de esas que acumulan historias son el único mobiliario de este recoveco del Lavapiés alto. Hace falta poco más, excepto un par de cañas de esas tiradas con maestría que sirven aquí y, si se te antoja, unas conservas para acompañar el bebercio. ¡Ah! De cuando en cuando los camareros se arrancan a cantar flamenco: si les dedicas un brindis, lo mismo se animan a regalarte los oídos ; )

 

 

 

Los Gatos – el deliciosamente extravagante

Este pequeño y encantador local es uno de los favoritos de los auténticos gatos madrileños, y es por algo. Para empezar, es un local Maestro, lo que significa que aquí tiran las cañas con un arte y una solera difíciles de encontrar. Para seguir, Los Gatos te va a cautivar por su surrealista atmósfera, a medio camino entre lo castizo y lo extravagante. En perfecta convivencia con su barra de madera y mármol y sus canapés (el de anchoas con tomate y el de salmón con roquefort son algunos de los más populares) vas a encontrar un techo pintado cual cúpula del Vaticano, todo tipo de objetos vintage excéntricos. Entretente contemplando las vistas mientras disfrutas de tu caña.

Estás a punto de descubrir los planazos cañeros en Madrid...

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