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Los secretos de las tabernas de Madrid

Son muchas las tabernas repartidas por el territorio de la Villa y Corte de Madrid. Y lo curioso es que, además de refrescar la sed de sus moradores, cuentan con notables curiosidades que las hacen únicas. En esta anecdótica ruta os proponemos pasear por varias de estas centenarias instituciones para conocer un poquito más de sus entretenidas historias.

 

Taberna La Cruzada: una copa real

En Madrid hay tabernas más actuales, otras más vetustas, las hay grandes y pequeñas, pero sólo una puede decir bien alto que es la más antigua de todas. Este reconocimiento recae sobre la simpática taberna La Cruzada (Amnistía 8). Fundada en el lejanísimo 1827 -originalmente abrió en la calle de la Cruzada-, y la podemos encontrar en mitad del tranquilo Barrio de Santiago, que es el que se encuentra a espaldas del Teatro Real.

 

De su espectacular barra de madera fueron habituales nombres de literatos como Pío Baroja o Pérez Galdós, aunque su cliente más afamado fue el monarca Alfonso XII, quien hizo de este bonito establecimiento uno de sus predilectos. Tan habitual era verle por aquí, que todavía conservan en una urna la copa de cristal que el rey utilizaba en exclusiva cada vez que se dejaba caer por la taberna. Una recomendación: si pasáis por ella, probar su mini cocido servido en la barra y en formato tapa, por supuesto acompañado por una caña bien tirada.

 

 

 

 

Casa Alberto: el hogar de Cervantes

En el lugar donde la calle del Príncipe choca con la calle de Huertas, una de las que más tradición tabernera tiene de toda la capital, se destapa Casa Alberto (Huertas 18). Abierta también en 1827, -algunos meses después que La Cruzada-, este sitio es uno de los clásicos que no pueden faltar en un paseo por el Barrio de las Letras. Y aunque su decoración y estética se han mantenido fieles a aquellos primeros años (basta con echar un ojo a su impresionante grifo de cinco bocas), lo que sí ha evolucionado es su cocina.

 

En el origen, su menú consistía en huevos duros y bacalao seco; nada que ver con los platos que ahora despachan, como caracoles, callos, estofados y otras delicias con solera del recetario madrileño. Si nos fijamos en sus atiborradas paredes nos llamará la atención un letrero, el que nos indica un secreto literario de primer nivel. Y es que, en este mismo edificio vivió el gran Miguel de Cervantes entre los años 1613 y 1614. De hecho, se dice que fue aquí donde terminó su obra más universal, El Quijote, y donde redactó también Viaje del Parnaso. Un bonito guiño que merece ser recordado, y brindado, porque hoy en día quedan pocos lugares así, en los que uno se puede tomar una cerveza tan literaria.

 

 

Taberna La Bola: el primer servicio a domicilio

Seguro que has escuchado muchas veces eso de que el agua de Madrid es una de las mejores de nuestro país. Algo que saben muy bien en la taberna La Bola (La Bola 5), ya que, de hecho, es uno de los secretos que guarda su excepcional cocido, uno de los más alabados de la capital. En marcha desde el año 1868, se estima que cada año salen de sus fogones unas 35.000 raciones de este contundente y rico manjar. Su gran impulsora fue una asturiana llamada Cándida Santos, más conocida por los vecinos del barrio como ‘La Rayúa’.

 

Y hoy son sus biznietos quienes regentan el negocio. Y aquí va lo más curioso: debido a su proximidad al Palacio Real, durante años fue muy habitual ver apostado en la puerta de la taberna el carruaje real, en el cual se trasladaban las ollas de cocido que salían, todavía humeantes, desde la cocina en dirección a los regios aposentos para deleite de Alfonso XII y su hermana la Infanta Isabel de Borbón, ‘La Chata’. Ese sí que era todo un servicio real, a domicilio.

 

 

 

 

Antonio Sánchez: una taberna con leyenda

Detrás de su clásica fachada marrón de madera, en la taberna de Antonio Sánchez (Mesón de Paredes 13) se almacenan un sinfín de recuerdos y diálogos. Y es que, sin duda, es uno de los templos tabernarios de Madrid que se mantiene con su aspecto original prácticamente inalterado desde que echara a andar en el primer tercio del siglo XIX. Buen ejemplo de ello son su barra de zinc, su máquina registradora con cerca de un siglo y medio de vida o las dos grandes cabezas de morlacos que cuelgan de sus paredes, recuerdo de aquellos primeros años como taberna vinculada al mundo taurino.

 

Aunque si por algo es conocida la taberna es por la leyenda de su delicioso vino conocido como el de ‘la cuba del francés’.  Según la misma, en el contexto de la Guerra de la Independencia, un soldado francés fue vapuleado y muerto por los vecinos del barrio, quienes optaron por esconder su cadáver en una de las tinajas de la taberna, la número 6. Curiosamente, el vino que posteriormente se extraía de esta tinaja tenía un sabor especial y muy rico; se hizo tan conocido que la gente acudía y lo solicitaba de manera explícita como el vino de la cuba del francés. Hoy no queda rastro de aquel vino, pero sí de buenísima cerveza, para tomar acompañando algunas de sus propuestas estrella, como la olla gitana, el morcillo, la pringá o el montado de boquerones, algunas de sus especialidades. Y para golosos, sus alabadas torrijas, que eran la perdición de Alfonso XIII, por cierto.

 

 

 

Manuel García del Moral – Secretos de Madrid

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